Cuando la primera cerveza de San Miguel salió de la fábrica malagueña en 1966, la ciudad era otra. Málaga empezaba a consolidar su tejido industrial, el turismo apenas asomaba como gran motor económico y la hostelería vivía una realidad muy distinta a la actual. Seis décadas después, la capital de la Costa del Sol se ha convertido en un destino tecnológico, cultural y cosmopolita, comparable hoy a Madrid o Barcelona, y en ese camino la cervecera ha sido testigo —y parte— de esa transformación.
La planta de Mahou San Miguel en Málaga inició su actividad en 1966 y, desde entonces, «ha evolucionado de forma constante hasta convertirse en uno de los centros cerveceros más avanzados del sur de España», explica a elEconomista Andalucía Manuel Heredia, director del Centro de Producción de Mahou San Miguel en Málaga. Hoy, las instalaciones alcanzan los 57.000 metros cuadrados y pueden producir hasta cinco millones de litros semanales en momentos de máxima actividad. La plantilla está formada por 120 profesionales, a los que se suma una amplia cadena de valor que genera miles de empleos indirectos en la provincia.
De la Málaga industrial a la ciudad global
El crecimiento de la fábrica ha ido en paralelo al de la ciudad. De una Málaga con un peso industrial más marcado y un turismo todavía incipiente, se ha pasado a un modelo donde la cultura, los servicios y la hostelería juegan un papel central. «El crecimiento del turismo, de la hostelería y de la propia ciudad ha ido acompañado de un aumento paralelo de la demanda y, con ello, de la producción», señala Heredia. Hoy, la actividad de la compañía en la provincia genera un impacto económico de 93 millones de euros, una cifra que refleja el dinamismo del consumo ligado al sector turístico y hostelero.
Ese peso industrial explica también el papel estratégico de la planta dentro del grupo. «Mahou San Miguel es la compañía cervecera con la mayor huella industrial del país y Málaga es un gran reflejo de lo que somos. Constituye una planta estratégica para nosotros, pero también para el tejido industrial, social y económico de la ciudad«, subraya el directivo, en referencia a una fábrica que se ha consolidado como uno de los pilares productivos de la compañía en el sur de España.
En estos 60 años también ha cambiado la forma de beber cerveza. El consumo se ha sofisticado, la oferta se ha diversificado y el cliente busca experiencias asociadas a la gastronomía, al ocio y a la cultura. En ese contexto, San Miguel ha acompañado la evolución de los bares y restaurantes malagueños, desde los establecimientos tradicionales hasta una escena gastronómica cada vez más reconocida fuera de nuestras fronteras. «Hemos vivido esta transformación como parte del propio pulso social, cultural y económico de Málaga», apunta Heredia, que subraya cómo la marca ha estado presente en la cultura callejera, la feria, los barrios y los iconos de la ciudad.
Industria, cultura y arraigo local
La relación entre la cervecera y Málaga va más allá de la producción industrial. A lo largo de los años, San Miguel ha reforzado su implicación con la vida cultural y deportiva de la ciudad, con patrocinios y colaboraciones con entidades como el Teatro del Soho Caixabank, el Málaga Club de Fútbol o el Unicaja Baloncesto, además de su apoyo al sector hostelero y a la promoción de la gastronomía local.
La celebración del 60 aniversario ha servido también para poner en escena ese vínculo emocional con la ciudad a través de la campaña «Sentir Málaga», un proyecto que recorre la historia compartida entre la marca y la capital a través de imágenes, recuerdos y símbolos locales. El aniversario se ha materializado recientemente en un evento conmemorativo en el espacio Sohrlin Andalucía que combinó música, arte urbano y gastronomía, con un concierto de Álvaro de Luna como uno de los grandes reclamos de la noche, además de actuaciones sorpresa y la presentación de un mural artístico inspirado en la iconografía malagueña. Un acto concebido más como homenaje a la ciudad que como celebración corporativa.
De aquella Málaga de los años sesenta a la ciudad abierta, turística y creativa de hoy, la historia de San Miguel es también la crónica de una transformación urbana y económica. «Nuestro plan es seguir creciendo junto a la ciudad, reforzando el papel de la fábrica como uno de sus grandes motores económicos y acompañando los momentos de ocio, cultura y deporte que forman parte de la identidad de Málaga», concluye Heredia.

