Tras casi 900 años de historia, los monjes trapenses podrían abandonar la Abadía de Nuestra Señora de La Trappe en Normandía, uno de los símbolos más representativos de la tradición cisterciense fundada en el siglo XII.
Los religiosos, pertenecientes a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia —conocida también como Orden de la Trapa, seguidora de la regla de San Benito—, informaron que consideraban abandonar el monasterio hacia 2028 debido “a la escasez de vocaciones y la carga cada vez mayor que supone la propiedad de la tierra”.
Para los cerca de 20 hermanos que conforman la comunidad situada en Soligny-la-Trappe, al noroeste de Francia, esta eventual decisión supondría “el final de una era”, aunque subrayaron que la abadía no cerrará sus puertas ni está a la venta por el momento.
“Actualmente estamos en conversaciones con otras comunidades para encontrar soluciones más adecuadas y con mayor relevancia económica y espiritual. La situación ha sido difícil durante varias décadas, y muchas otras abadías ya han cambiado de manos”, indicaron el pasado 6 de marzo.
Además, agregaron que “la partida de los hermanos, muy exigente y dolorosa para ellos, será sin duda una profunda pérdida para todos aquellos vinculados, a veces durante generaciones, a la comunidad”.
Fieles a la tradición de la Regla de San Benito, los monjes cuentan con una casa de huéspedes en la que reciben a los fieles “como si fueran Cristo mismo” y les acogen para que puedan experimentar un momento de soledad y reflexión en un ambiente de oración y paz, según precisan en su sitio web.
También conservan una tienda en la que venden libros, artículos religiosos y dulces o productos regionales elaborados artesanalmente en la abadía.
“Un secularismo ideológico que está pudriendo el alma de Occidente”
Han sido numerosas las reacciones de los fieles y miembros de la Iglesia Católica, quienes han expresado su conmoción al enterarse de la noticia.
Entre ellas, la del obispo estadounidense Robert Barron, pastor de la diócesis de Winona-Rochester, quien manifestó su tristeza ante la posibilidad de que los monjes abandonen el histórico monasterio.
El prelado recordó que se trata de la “casa madre de la Orden Trapense”, una reforma del movimiento Cistercienses y una forma “particularmente intensa de vida benedictina, famosa por su austeridad y su silencio”.
Barron también explicó que conoció la abadía gracias al monje trapense Thomas Merton, teólogo y escritor estadounidense, y destacó que La Trappe “ha sobrevivido a la Peste Negra, la Guerra de los Cien Años, la Reforma Protestante, la Revolución Francesa y a las guerras mundiales del siglo XX”.
“Que este venerable monasterio no pueda encontrar suficientes vocaciones para mantenerse con vida es, a mi juicio, una señal del desastre espiritual que ha caído sobre Europa en los últimos cien años: un secularismo ideológico que está pudriendo el alma de Occidente”, lamentó.
Ante esta situación, el obispo pidió redoblar las oraciones para que los monjes “encuentren una manera de preservar su gran abadía. Ahora más que nunca es necesaria”.

